

Aquella tarde que vi tu cara nauseabunda, sentí morir y mi hermana llegó como ángel para buscar algo en la habitación de mi madre, fueron tres segundos de pánico, tu energía, tu voz y tu aspecto permanecieron ese día en mi mente, en la noche me tocabas, dabas vuelta y yo gritaba llorando en la sala, tomé la biblia y descansé al lado de mi padre y mi hermana.
Ese domingo fui a una iglesia cristiana, y al regresar a casa me dormí profundamente, en la noche sentía que alguien me hipnotizaba, luego me fui a tocar piano y sentía que me jalaban, la sensación más terrorífica fue cuando sentí que me ahorcaban. A partir de ese momento, el llanto ordenó una búsqueda de lo que me pasaba o creía que estaba viviendo, había entrado a otra dimensión.


