
Cada vez que Elisa huele a animales, viaja a un zoológico; cada vez que siente la fragancia de las rosas, llega a un jardín; cada vez que huele a dulces, termina en una dulcería. Ella siempre ha percibido los aromas más preciados. No obstante, la desgracia aparece en su vida porque inhala el perfume de su sangre.
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