Clarena, Clarena, me parezco a ti porque conquistaste este universo desde tu nacimiento hasta tus dos muertes. Eres de otro planeta, antes de conocerte tu creador me habló de ti. ¡Cuando me iba a imaginar que al fin encontraría a mi doble! Gracias a ti escritor porque tan solo olí tu pluma en la primera página, tuve éxtasis, al leer a Clarena, sé que he muerto para vivir.
Por amor a mí y a ti, analizo cuántas Clarenas hay en este mundo, empiezo por mí, una tarde de agosto me dijiste ‘Te pareces tanto a Clarena’. ¿Por qué? Porque eres hermosa, delgada, de ojos negros, aunque con cabello corto. Si, y me voy pronto para Barranquilla, (Clarena se iba para Caracas), allá no muere nuestra amistad literaria, pero sí es diferente porque nuestras tertulias cargan kilos de locura e hipnosis de arte, soy Clarena porque me leí una de tus obras y morí como ella, ahora regreso aquí a este cuerpo que es Angie García.
Otra Clarena, la abuela Raque, cuando joven tenía las mismas características que ella, se enamoró de un gran libro, el abuelo, ella ama la literatura religiosa, la escritora es ella, el abuelo era un cuento fantástico ‘Mati Moreno, saca lo malo y mete lo bueno’ nos decía a sus nietos. Clarena es hermosísima como la abuela que con su sola existencia lo volvía loco y aunque ella no ha muerto, el abuelo sí, (esta adaptación es diferente, la mitad de Clarena es el abuelo y la otra es la abuela).
Otro personaje, Bruno, el amigo del bote es el viajero en canoa de Sucre (Sucre), comprensivo, buena gente, y como él hay muchos en mi tierra sensible a los dolores del mundo, son fuertes y con perrenque, enseñan a sus hijos a tirarse al caño a ocho metros de un palo e mango, de modo que la muerte les teme a ellos.
Por otra parte, Asdrúbal es el típico Barranquillero que no tiene mujer y vive hablando de política, y de todo tema que se invente, cargando cualquier bulto de música.
Y en esta inquieta melodía hay un rugir de verdades.
En una pequeña aldea de Sincelejo, se encuentra la doble de Daniela, es Angélica una amiga que soporta el saboteo en el amor de su pareja, él le coquetea a su amiga y ella lo perdona y regresan.
Aquella de luz de duda sigue viva, pues mi tío me dice por milésima vez que no cree en los espíritus, y a mí solo se me ocurrió decirle la opinión de Encarnación de la Cruz: “Quién no cree que existen, no los ve, más quién si cree, los ve”, y él me concedió la razón. Y la doble de esta loca también soy yo porque conozco ese universo espiritual.
Y me arrebato reconociendo que temblé con el espíritu de Clarena como le pasó al cuerpo de la asistente.
Mi querido escritor, Clarena quedó enamorada de tu obra por la historia, por la narrativa, por el amor inyectado en la tinta de la palabra, por el deseo que reposa en el silencio de la lectura, eres un sueño escritor, eres el antídoto de mis venenos literarios, juegas con el tiempo y con el espacio de tu mente lúcida, parece que hubieses ido al desierto por 40 días como Jesucristo por tu sed y hambre literaria.
Si supieras que me vengo con una miel, gracias al tiempo de hoy que soy Clarena, el abismo más hermoso de mi existencia que se renueva, soy tu obra de arte. Tienes este amor en tu regazo, acostumbrada al triunfo de los recuerdos, tienes chispa y dulzura. Sabes que me reinvento con tus locuras del ahora, y hoy tengo un presentimiento como tú, estoy pariendo gracias a Clarena, y soy feliz escribiendo este texto pues amo mi sombra, sufro con amor, y me revuelco en la Palabra, parece que me acompañaran tus personajes, esta vez quiero que nuestros diálogos no se suiciden como lo hizo Clarena porque ella nunca debió viajar a Caracas.
Ahora es el desayuno en las olas de Tolú para bucear en las brisas y contarle al cielo lo que he escrito para Clarena.

