Escribo en lo sutil y en lo denso

Joven escribiendo

Desde que leí obras como Crónica de una muerte anunciada, de Gabriel García Márquez; La Divina Comedia, de Dante Alighieri; Romeo y Julieta, de William Shakespeare; La metamorfosis, de Franz Kafka; María, de Jorge Isaacs, entre otras, supe que escribir es lo mío.

En el colegio me emocionaba escribir los dictados. Me incliné por seguir el estilo de escritura barroca. Me gustaría escribir como Jorge Luis Borges, Pablo Neruda o Edgar Allan Poe.

Gracias a mis lecturas, he escrito una gran obra llamada ‘Que se quemen mis demonios en el lejano monte’, inspirada en mi situación psiquiátrica: depresión, ansiedad y alucinaciones. Es un poemario que tuvo éxito en la crítica y ganó el Portafolio de Estímulos de 2024 en el Fondo Mixto de la Cultura y las Artes de Sucre. 

Escribir es lo que me impulsa a vivir, mi amor por la escritura es hasta la muerte. La prosa poética me genera una sensación de paz, es una lluvia fría en un verano intenso y fogoso, es un silencio acogedor que elimina todo ruido y pesadez.

Sigo meditando en la palabra, encerrada en una cueva de relámpagos de oro, estudiando mi caos para alcanzar la libertad, pues me ha costado la de mis pensamientos.

Solo en la escritura puedo actuar en el mundo sutil y dominar el denso. 

Escribo con la ferviente voz de mi inconsciente, escuchando el atrevido violín de Vivaldi. Escribo con la pluma ensangrentada de mi obsesionada soledad. Escribo imaginando la muerte que me acecha a través de figuras espectrales. Escribo con la mente en la chalupa, mientras viajo a mi pueblo.

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